La sequía afecta al río Cauto y le lleva a una disminución histórica de sus volúmenes, con incidencia en la población cautocristense.
Para quienes vieron de cerca o en imágenes el vertimiento gigantesco tras el paso del huracán Melissa, le parece irracional observar este río en su actual condición.
Pero las imágenes de este proceso tienen su traducción en baja disponibilidad de agua para la población y para el riego de cultivos.
Al menos en Cauto Cristo, el agua que llega por las tuberías resulta muy salina y con restos del lodo de donde es extraída.
Sería difícil pensar en un líquido de buena calidad en estas condiciones, aunque estudios de salud refieren no encontrar virus o bacterias en análisis de laboratorio.
Hay que tomar en cuenta que el río Cauto es columna vertebral del oriente cubano. La sequía prolongada ha reducido su caudal a niveles alarmantes, y las comunidades que dependen de él para sobrevivir enfrentan una realidad cotidiana de escasez.
Se calcula que la cuenca del Cauto abarca más del 8% del territorio nacional y alberga a la décima parte de la población cubana.
La sequía no es un fenómeno nuevo. La evaporación en el valle del río Cauto alcanza una de las tasas más altas del país , y los períodos de sequía han sido una constante histórica. Pero el río sin apenas agua que se precipite al Oeste, es más que un dato, es una situación preocupante para miles de familias que son beneficiadas por este brazo de mar.
La sequía en el río Cauto no es solo un problema climático; es un tema social que dificulta el acceso a un agua de calidad en las comunidades.
Una atención integral a estos procesos conlleva a estudios más certeros, apoyos financieros, medidas de sostenibilidad para buscar alternativas.
Mientras eso es materializado, el pueblo, en su resiliencia, encuentra salidas prácticas pero efímeras para llevar el agua a su casa.