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Camilo: identidad de rebeldía en Cauto Cristo

Corría el mes de junio de 1958. La dictadura de Batista apretaba, pero la Columna 2 “Antonio Maceo”, al mando del Comandante Camilo Cienfuegos, demostraba que era posible pelear y vencer en el llano.

El día 4 de junio, Camilo llega a la zona de Limones, en Cauto Cristo . Venía a operar, a desgastar al enemigo y a demostrar que el Ejército Rebelde tenía fuerza en todo el territorio.

La noche del 7 de junio se convirtió en una pesadilla para la tiranía. Sobre las diez de la noche, en el kilómetro 807 de la Carretera Central, cerca del barrio de Naranjal, en el camino de Cauto Cristo a Holguín, la tropa de Camilo tendió una emboscada. Una patrulla de unos quince o veinte guardias cayó en la trampa. El resultado fue contundente: tres bajas enemigas y ni un solo rasguño para los rebeldes.

Aquella acción no solo fue un golpe militar; fue un mensaje de moral para los campesinos de la zona, que veían a aquellos jóvenes barbudos enfrentarse a los batistianos.

Las huellas de Camilo en Cauto Cristo son desde entonces un motor que iluminan e impulsan porque días después, el 13 de junio, con una treintena de hombres, llegó al campamento de Carlos Borjas, en la zona conocida como Korea.

Allí, recoge la historia, que Camilo redactó una proclama que luego se colocaría en Dos Ríos, el lugar donde cayó José Martí. En aquel texto, los rebeldes juraban continuar la lucha “hasta ser libres o mártires” .

El paso de Camilo dejó una marca profunda en Cauto Cristo. Lugares como Limones y el propio campamento de Korea quedaron sembrados en la memoria colectiva . Incluso, un sitio tan sagrado para la vida como un hospital de campaña, el de Puchara, fundado junto a Piti Fajardo el 29 de julio de ese mismo año, llevó su sello de organización y humanismo en medio de la guerra .

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Camilo era, como dijo el Che, el compañero de cien batallas, el hombre que se imponía por su alegría y su valor . En Cauto Cristo, esa leyenda se hizo carne. Los campesinos supieron que aquel “Señor de la Vanguardia” no era un extraño. Era uno de ellos.

Hoy, cuando recorremos las calles de Cauto Cristo o escuchamos el murmullo del río, la historia de aquel junio de 1958 nos recuerda que la Revolución se hizo con hombres que, como Camilo, supieron estar en el lugar exacto, en el momento preciso, con el coraje necesario.

Aunque desapareció físicamente el 28 de octubre de 1959, su ejemplo, como el de aquellos días de lucha en el llano, sigue vivo en cada cubano que defiende la justicia, especialmente aquí, donde su nombre es esencia misma de la identidad rebelde del pueblo.