La tierra de Granma vuelve a reunirse para debatir en sus cooperativas y asentamientos campesinos, hombres y mujeres del surco analizan en asambleas de base las transformaciones aprobadas recientemente por el gobierno cubano para el sector agropecuario.
Se trata de un debate de botas puestas, de manos curtidas, de quienes conocen el terreno palmo a palmo.
En la Cooperativa de Créditos y Servicios Ignacio Agramonte, del municipio de Bayamo, los productores discutieron cómo aplicar las nuevas medidas sin perder el ritmo de la siembra. Los integrantes de esa cooperativa comprenden que aún cuando las decisiones gubernamentales transversalizan ejes estratégicos para el país, son los hombres y mujeres del campo los que trabajan la tierra.
En Río Cauto, en Jiguaní, en Manzanillo, la escena se repite. Directivos de cooperativas, delegados del Poder Popular y especialistas del sector agrícola escuchan, explican, toman nota. No todas las dudas tienen respuesta inmediata, pero hay algo que se repite en cada encuentro y es la voluntad de que la producción no se detenga.
Las transformaciones apuntan a mayor autonomía en la gestión, a nuevas formas de comercialización, y a incentivos que buscan estimular el rendimiento en el campo granmense, una provincia históricamente vinculada a la producción de arroz, café , tabaco, granos y ganado.
El reto no es pequeño. Granma necesita producir más, y producir mejor. Y para eso, dicen los campesinos hace falta algo más que decretos, se necesitan además insumos, combustible que hoy no están disponibles en la medida demandada y que añade nuevos retos para los productores.
La discusión continúa, cooperativa por cooperativa, surco por surco. Porque en Granma, como en toda Cuba, el futuro del país se siembra, primero en la tierra.