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Una mañana que marcó la historia

FOTO | Luis Carlos Palacios Leyva

Nadie podía imaginar, aquella mañana, que esa fecha marcaría el tiempo. En las horas siguientes vendrían sacudimientos, sorpresas y hasta ciertas incertidumbres.

Era el 26 de julio de 2006 y Fidel, quien acaba de llegar de Argentina, tras haber asistido a la XXX Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur y Estados Asociados, pronunciaría en Bayamo su último discurso en un acto por el Día de la Rebeldía Nacional.

Entonces nada menos que 100 000 granmenses abarrotaron la Plaza de la Patria, de Bayamo, donde escucharon al Comandante, lo aplaudieron y aclamaron.

Fidel habló de números y programas,  la Batalla de Ideas, los cambios experimentados en Granma y la extraordinaria historia de la provincia.

Ese mismo día se trasladó a Holguín y en la tarde-noche inauguró, en la zona de Guirabito, el mayor grupo electrógeno sincronizado al Sistema Electroenergético Nacional. Sus palabras serían las últimas en un acto público con los grados de Comandante.

El 31 de julio, por la noche, la nación quedaba atónita.La televisión nacional daba a conocer la Proclama al Pueblo de Cuba, cuyas primeras líneas exponían:  “Con motivo del enorme esfuerzo realizado para visitar la ciudad argentina de Córdoba, participar en la Reunión del MERCOSUR, en la clausura de la Cumbre de los Pueblos en la histórica Universidad de Córdoba y en la visita a Altagracia, la ciudad donde vivió el Che en su infancia  y unido a esto asistir de inmediato a la conmemoración del 53 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, en las provincias de Granma y Holguín, días y noches de trabajo continuo sin apenas dormir dieron lugar a que mi salud, que ha resistido todas las pruebas, se sometiera a un estrés extremo y se quebrantara. Esto me provocó una crisis intestinal aguda con sangramiento sostenido que me obligó a enfrentar una complicada operación quirúrgica”.

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Más adelante el jefe de Estado explicaba que “la operación  me obliga a permanecer varias semanas de reposo, alejado de  mis responsabilidades y cargos” y que, por eso, delegaba sus tareas al frente del Partido, el Gobierno y las Fuerzas Armadas a Raúl, mientras que otros compañeros  asumirían  la dirección  de programas estratégicos.

Ser humano al fin, Fidel no pudo luego volver a sus responsabilidades. Sus últimos 10 años los dedicó a estudiar, a leer y a escribir, también a aportar desde sus conocidas Reflexiones. Su enfermedad nos hizo recordar las fragilidades de las personas, incluso de aquellas que tantas veces vencieron las pruebas más grandes y graves.

Al paso del tiempo, Cuba y el mundo, fueron aquilatando mejor el peso de aquel acto en Bayamo, su connotación histórica, su impronta innegable. Quiérase o no,  más allá de cualquier signo ideológico, el Líder marcó una época. Hubo un antes y un después de Fidel. Un antes y un después de ese 26 de Julio.

Por eso,  sería imperdonable, al cabo de 20 años justos, dejar pasar la fecha o evocarla con frialdad, como un cumplido. Los que estuvieron ese día en la Plaza de la Patria, asistieron sin saberlo a un momento trascendente, imborrable, único.