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Los cubanos dignos no olvidan el crimen en Barbados

Cincuenta años se cumplen este 6 de octubre del abominable sabotaje al Vuelo 455 de Cubana de Aviación que provocó su caída al mar a pocos minutos de despegar del aeropuerto Seawell en Bridgetown, Barbados, y la muerte de todos los ocupantes.

A medio siglo del cobarde acto, sobrecoge escuchar por radio o televisión aquellas urgentes palabras de Ángel Tomás Rodríguez Valdés, copiloto de la aeronave siniestrada: “-¡Eso es peor, Felo! ¡Pégate al agua, Felo! ¡Pégate al agua!”, al ver la nariz de la nave enfilando al cielo.

Los autores intelectuales de la deleznable acción fueron terroristas de origen cubano residentes en Estados Unidos de Norteamérica, que se fueron de este mundo sin pagar por todo el mal que hicieron.

Quienes pusieron la bomba estuvieron en prisión, pero eso no los exonera del desprecio hacia ellos de los amantes de la justicia.
Los registros del vuelo recogen que en el avión viajaban 73 personas, de esa cifra, 57 eran cubanos, incluidos los de la tripulación; 11 guyaneses, estudiantes de medicina en Cuba. Los cinco restantes, coreanos.

Entre ellas se encontraban 24 jóvenes del equipo juvenil cubano de esgrima, vencedores absolutos del Campeonato Centroamericano y del Caribe recién celebrado en Caracas, Venezuela.

Una de las jóvenes esgrimistas, Nancy Uranga Romagoza, de 22 años de edad, estaba embarazada. La criatura que llevaba en su vientre era el viajero 74.

Las bombas que los terroristas mandaron a poner en el CU-455, privaron del placer de ser madre a la joven pinareña, asesinándola, también a su hijo o hija, antes de nacer.

EL NOMBRE DE UN ESTADIO DE BEISBOL RECUERDA EL HECHO

Mártires de Barbados se llama el estadio de béisbol de Bayamo, capital de la oriental provincia de Granma, Cuba. El nombre, colocado a la entrada de la instalación, es un homenaje permanente a las víctimas de un horrendo crimen: la voladura en pleno vuelo, el 6 de octubre de 1976, de una aeronave civil cubana.