Durante los días 4, 5, 6, 7 y 8 de octubre de 1963, hace exactamente medio siglo, el ciclón Flora azotó gran parte de Cuba, siendo el territorio de la actual provincia de Granma uno de los más afectados.
En 93 horas cayeron en el sur oriental territorio mil 840 milímetros de agua, causantes de enormes riadas, la muerte de más de mil personas, destrucción de 11 mil 103 viviendas, averías a otras 21 mil 486, destrucción de cuatro mil caballerías de arroz.
También, serias afectaciones a extensas áreas cañeras y cafetaleras, servicios de electricidad, telefonía, carreteras y caminos.
En medio de aquel mar de aguas turbias que corren con imparable fuerza, está el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, dirige las acciones de salvamento de la población, y al mismo tiempo piensa en cómo evitar se repitan desastres similares.
El presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Doctor Faustino Pérez, es llamado, con su equipo de expertos, al embravecido y acuoso escenario.
Narra Martha Rojas (Santiago de Cuba, 17 may 1928-La Habana, 3 oct 2021) que, sobre la capota de un yipi, abren un mapa, y con los ingenieros, estudian los primeros pasos para reordenar el proyecto hidráulico iniciado por la Revolución.
Fue el nacimiento del programa Voluntad Hidráulica, el cual en Granma se traduce en 11 represas con capacidad para retener casi mil millones de metros cúbicos de agua, utilizada para el abasto a la población, la industria, la ganadería y la cría de peces.
Además, fueron construidas nueve derivadoras, más de 100 kilómetros de canales magistrales y otras obras de infraestructura hidráulica.
Gracias a ese sistema de embalses, no ha ocurrido otra tragedia como la ocasionada por el Flora, como pudo suceder debido las inundaciones provocadas por las intensas lluvias asociadas a la tormenta tropical Noel, en 2007, y el ciclón Melissa, en octubre de 2025, si no hubiera existido la presa Cauto del Paso, llamada la llave de oriente al regular el tránsito de considerables cantidades de líquido que le llegan en corto tiempo.