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Sandra Ramos: una trabajadora social desde el corazón

Mientras el sol asoma tímidamente sobre los campos de Campechuela, Sandra Ramos Palomino anuncia su llegada con una sonrisa que marca el entusiasmo por la profesión de la misma manera que se observa su cansancio tras recorrer en bicicleta más de siete kilómetros.

A sus 37 años de edad, Sandra encarna esa estirpe de profesionales que no necesitan un escritorio para ejercer el oficio. Trabajadora Social de formación y de convicción, divide las jornadas entre las circunscripciones de Licea y Ojo de Agua, territorios rurales donde su presencia es tan esperada como la lluvia.

“Un trabajador social debe ser justo, transparente y trabajar sobre todas las cosas desde el corazón”, asevera mientras nos cuenta alguna que otra anécdota de sus compañeras de trabajo.

Graduada en 2006, ella acumula veinte años de servicio. Dos décadas tocando puertas, escuchando dolores, gestionando recursos y, sobre todo, tendiendo puentes entre las instituciones y quienes más necesitan de estas.

Su labor no termina cuando entrega un módulo alimentario o tramita una pensión: cada día recopila información y opiniones comunitarias que luego transforma en herramientas para la atención a los más vulnerables.

Nacida en Calisito, llegó a Licea por amor. Allí formó un hogar junto a su esposo y su hija. Y allí encontró también una red de apoyo que considera indispensable: la familia.

“Sin ellos no podría hacer lo que hago”, confiesa.

Su esposo, hombre de surco y cosecha, se ha convertido en un aliado silencioso de ella. Cuando alguna persona vulnerable no puede trasladarse para recibir sus recursos, es él quien ayuda con los paquetes y recorre los caminos junto Sandra, un gesto que habla de complicidad y de comprensión.

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Además de la labor diaria, Sandra cursa el segundo año de la Licenciatura en Trabajo Social en el Centro Universitario Municipal. Estudiar y trabajar, atender y aprender, dar y recibir: su vida es un equilibrio que solo sostiene quien ama lo que hace.

“Me gusta mi trabajo”, dice simplemente.

Y en esa sencillez cabe todo: el cansancio de los viajes, la satisfacción de una necesidad resuelta, el abrazo de una anciana agradecida, la certeza de estar en el lugar correcto.

En tiempos donde lo material suele imponerse, Sandra Ramos Palomino demuestra que el verdadero cambio social se construye con presencia, con escucha y con amor por lo que se hace.

Veinte años después, sigue tejiendo redes de solidaridad en el campo cubano donde para ella la verdadera esencia de la labor del trabajador social es la que nace del corazón.