Fidel Castro Ruz es una figura colosal cuya estatura trasciende las fronteras de Cuba para inscribirse en la historia de las luchas por la emancipación humana.
El pensamiento de Fidel, una fusión profunda del ideario martiano y del marxismo-leninismo aplicado a la realidad cubana, fue el motor que impulsó las grandes transformaciones estructurales del país.
Para Cauto Cristo, un municipio de profunda práctica campesina, la Revolución significó el fin del latifundio y el acceso a la tierra para quienes la trabajaban, un sueño que Fidel convirtió en ley con la Reforma Agraria. No se trató solo de repartir parcelas, sino de devolver la esperanza y la independencia económica a generaciones enteras.
La obra de un hombre es siempre perfectible, mientras este se lo plantee. Y recuerdo eso siempre. En Fidel tuvimos una posición firme en cuanto a principios, pero no cesó de hacer el bien. En Fidel hubo un hombre inconforme con sus propias obras, por eso su sueño por hacer cada vez algo mejor, marcó su legado.
Hoy, las nuevas generaciones de cubanos, incluidos los cauto-cristenses, somos las herederos de él, en pensamiento y acción.
Es insuficiente el estudio de su obra, la aplicación de sus preceptos, pero tenemos una juventud dispuesta a pagar el precio de esta Revolución, porque en ella está la majestuosa obra fidelista.
Porque el legado de Fidel Castro Ruz, especialmente en el corazón de su Oriente natal, no se encuentra en el mármol o el bronce, sino en la firmeza de un campesino que defiende su tierra, en el conocimiento de un joven que estudia en una escuela y en la dignidad de un pueblo que, como él soñó, es dueño de su propio destino
Más allá del líder revolucionario, del estadista o del estratega militar, emerge la figura del hombre que forjó un ideario de justicia social y soberanía que, para municipios como Cauto Cristo, significa voluntad inquebrantable de seguir a pesar de tantas adversidades.
Si él mismo pidió que su nombre no fuera usado en instituciones o monumentos fue para evitar el culto a la personalidad. Es, en fin un legado de dignidad que, en lugares como Cauto Cristo, se renueva con cada tarea de impacto social o económico.
Donde haya un revolucionario cabal, está esa semilla que brota, cuando algún apóstata u oportunista, intenta quebrantar las conquistas de esta Isla.