Por iniciativa del programa Salas de Televisión, un equipo de trabajo llegó hasta la casa de Evelio Jesús Milán Cabrera, en el Consejo Cauto Oeste, para obsequiarle al pequeño juguetes y golosinas, un gesto que se suma a la atención que él habitualmente para mejorar su calidad de vida.
Nos recibió Elidennis Cabrera Morales, su mamá, y nos llevó hasta la habitación del cautocristense.
Un cuerpo menudito pero sonriente estaba acurrucado sobre unas sábanas blanqueadas con amor y cuidado, como quien espera siempre una visita.
Es un cuarto con equipos especiales de ventilación artificial porque se trata de un niño enfermo, atendido por el estado, desde que fue diagnosticado con una enfermedad crónica y rara.
Evelio está estable, feliz y bien alimentado. El niño goza de una atención integral y ha sobrevivido a múltiples ocasiones de riesgo por rotura del soporte de ventilación y porque su padecimiento requiere de muchos recursos.
“Después de los ocho meses se le descubre que el bebé tenía una Parálisis Cerebral Infantil Motora, Síndrome de West. A las 32 semanas de gestación, una hipertensión obligó al equipo médico a una cesárea pretérmino. Todo aparentaba estar normal, tras la recuperación”, declaró Eliodennis.

Sin embargo, estudios demuestraron alteraciones y comportamientos clínicos poco frecuentes, con espasmos epilépticos, fruto de un daño neurológico irreversible.
Una gastrotomía, intervención quirúrgica estomacal fue precisa para favorecer la alimentación. Desde entonces, Evelio come de todo y disfruta de las galleticas y jugos que le hizo llegar el equipo de trabajo.
Esta familia es beneficiaria de una vivienda acondicionada para que el pequeño pueda tener estabilidad en los indicadores de su calidad de vida. El equipo perteneciente al hospital infantil mide frecuencia cardíaca, oxigenación y pese a que estos equipos aseguran más del 50 por ciento de la respiración, esta resulta inestable por múltiples factores.
Pareciera que el pequeño estaba destinado a una vida corta, pero cada especialista, familiar, vecino, amigo, institución, está al tanto de su evolución y apoyan a su mamá.
Sonreír después de 18 años, incluso tras una traqueotomía, es un récord, para quien pudo dejar de soñar desde los cinco años, aproximadamente, según las Estadísticas referentes a su patología.
Siempre hace falta la mano de papá también, pero el amor de mamá es al menos, el antídoto más efectivo para la “mala suerte”. Y ese, Eliodennis lo tiene disponible 24 horas, los días de la semana, para su príncipe enamorado.
Antes, unos besitos de cariño para Odalis, la representante del programa Salas de Televisión. Su voz y empatía, sacaron de Evelio esa faceta poética que va más allá de su capacidad cognitiva: el poder de conquistar.
Entre paradojas se erigen varias verdades que nos llevamos a la vuelta: es posible sonreír sin importar la condición humana. Las capacidades de amar son la herramienta fundamental para sobrevivir.