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La unidad se convierte en el latido que sostiene a la nación, afirma vicedecana de Ciencias Médicas en Manzanillo

Manzanillo, Cuba – «Hoy más que nunca, la unidad se convierte en el latido que sostiene a nuestra nación» expresó Yusde Ramírez Pascual, vicedecana de la Facultad de Ciencias Médicas de Manzanillo, al referirse a la iniciativa «Mi firma por la Patria».

Según la académica, a lo largo de Cuba miles de manos se unen en un gesto sencillo pero profundamente significativo, que trasciende lo simbólico para convertirse en un acto de reafirmación patriótica.

«No es solo tinta sobre papel» subrayó Ramírez Pascual. Para la Vicedecana, estampar la firma representa compromiso, memoria e identidad. Es, en sus palabras, la voz de un pueblo que decide expresarse, reafirmar sus valores y defender lo que considera suyo.

Cada rúbrica, añadió, encierra una historia, una convicción y la voluntad de seguir construyendo desde la participación consciente.

La también docente, insistió en que este proceso ciudadano nos recuerda que la Patria no es un concepto abstracto, sino una responsabilidad compartida.

«Se construye en cada acción, en cada criterio defendido, en cada espacio donde decidimos involucrarnos», destacó desde la casa de altos estudios manzanillera.

Firmar, explicó Ramírez Pascual, es también un acto de presencia. «Es decir ‘aquí estoy’, con mis ideas, con mi historia, con mi compromiso», sentenció la Vicedecana, quien vinculó la rúbrica con la participación activa en el presente y el aporte al futuro de la nación.

En su reflexión, la directiva de la Facultad de Ciencias Médicas hizo hincapié en que la Patria vive en su gente. «Y hoy, su gente está firmando», afirmó, resaltando la masiva respuesta popular a la convocatoria, que ha desbordado las expectativas en el territorio granmense.

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Concluyó Ramírez Pascual que cada firma, lejos de un mero gesto, se erige como un eslabón en la cadena de la soberanía.

En momentos de desafíos globales, la iniciativa Mi firma por la Patria, se perfila como un termómetro del compromiso cívico, donde la tinta se vuelve músculo colectivo y cada nombre propio, una defensa de lo que consideramos irrenunciable.